Cuando uno vieja, siente de una manera muy práctica el
acto de renacer. Se está frente a situaciones nuevas, el día pasa más
lentamente y la mayoría de las veces no se comprende ni el idioma que hablan
las personas. Exactamente, cuando una criatura que acaba de salir del vientre
materno. Con esto, se concede mucha más importancia a las cosas que nos rodean,
porque de ellas depende nuestra propia supervivencia. Uno pasa a ser más
accesible a las personas, porque ellas podrán ayudarnos en situaciones
difíciles. Y recibe con gran alegría cualquier pequeño favor de los dioses,
como si eso fuese un episodio para ser recordado el resto de la vida. Al mismo
tiempo, como todas estas cosas son para nosotros una novedad, uno ve en ellas
solamente lo bello y se siente más feliz por estar vivo.