Contigo
los cafés por las mañanas empezaron a saberle menos amargos. Contigo se dio
cuenta de que si estaba a tu lado las mañanas se hacían más cortas y los lunes menos
jodidos. Que si estaba contigo no le hacía falta agua, ni tenía frío. Ni miedo.
Contigo estudiar se hacía fácil, y las tardes de domingo en invierno eran para dos.
Contigo se le olvidaba dormir por las noches y que las bombillas se funden,
las tartas se acaban y el amor se gasta. Contigo no le entristecen tanto las
despedidas.
Porque sabe que no lo son.