Mírame, dime qué ves,
¿acaso no era ésto lo que me dijiste que querías? ¿acaso mis lágrimas no
decían tu nombre? Siempre quise saber por qué nunca mencionaste que habías
roto aquél retrato de nosotros, tomados de la mano, por qué no dijiste que
había alguien más, en tu corazón, asechando. Siempre quise el amor eterno,
¿sabes? Sólo porque temo quedarme tan solo como cuando me encontraste. Soñé que
te dormías en mí pecho y ahí estabas, pasaban horas y horas, hasta que
despertabas, me abrazabas y prometías no soltarme jamás, entonces, tenía que
despertarme, mirar mí pecho y no ver más que cicatrices. Te dí mí corazón,
porque lo cuidarías mejor que nadie y estarías en él cuánto tiempo quisieras. Aunque
hayas decidido abandonarlo, sé que a veces miras con pena ésa desidia que quedó
en él, sé que amas el amor aunque odies que te ame, sé que extrañas que no te
olvide y que sueñas con que te recuerde. Sé que el amor no termina como
empieza, ni deja intactos los lugares que recorre.
